MORIRSE EN VIVO Y EN DIRECTO

Morir es una derrota estruendosa, aunque muchos quieran darle cierto tono heroico como una manera de hacer menos doloroso ese instante definitivo.

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Foto: Archivo RCN

Morirse mientras se hace lo que más nos gusta podría ser una manera de prepararse para la felicidad eterna. Esta semana se cumplen 38 años de la muerte del cantante cubano Miguelito Valdez en el Salón Rojo del Hotel Tequendama de Bogotá. Cantaba Babalu Aye cuando un fuerte dolor en el pecho le hizo intentar abandonar el escenario para buscar la intimidad que reclama cualquier ser humano para enfrentar ese instante supremo. ¡Perdón señores¡, exclamó Miguelito, mientras soltaba el micrófono y se llevaba la mano al pecho e intentaba desesperadamente desabotonarse la camisa, antes de desplomarse irremediablemente víctima de un infarto. Muchos calificaron como “la mejor muerte para un artista”, lo ocurrido con el cantante de son, bolero y guaracha el 8 de noviembre de 1978 mientras interpretaba su mejor canción. El desaparecido periodista José Pardo Llada contaría muchas veces la historia, recordando que “en el escenario del Hotel Tequendama, cantando Babalu y de buenas a primeras se sintió mal por la altura y murió allí como tocado por un rayo”. Morir en lo suyo, en su ley como una manera de hacer más dulce el abandono absoluto, como lo ocurrido en junio del 2003 cuando el futbolista camerunés, Marc-Vivien Foe se desplomó en el centro de la cancha de fútbol de Lyon Francia, mientras se disputaba un partido de la Copa Confederaciones contra el seleccionado de Colombia. Los aficionados en el estadio y los que seguían el partido a través de la televisión fueron testigos de su agonía, mientras los comentaristas deportivos vaticinaban que Foe sería retirado “a un costado para que lo atiendan”, lejos de imaginar su tragedia. Para siempre quedará la imagen de ese atlético hombre desgonzado sobre la camilla, saliendo a cumplir la cita definitiva, en medio de las caras de preocupación de los futbolistas y de los hinchas. NADIE SE MUERE LA VISPERA La reciente muerte del director de la redacción del diario Le Monde, Erik Izraelewicz mientras adelantaba sus actividades, ha hecho recordar otros episodios en los que literalmente varios periodistas han muerto en vivo y en directo. “Izraelewics se sintió mal de repente, pidió un vaso de agua y se desplomó entre síntomas de ahogo” antes de ser llevado a un hospital de París en dónde se certificó su muerte. Triste final para un hombre que no bebía, no fumaba y nunca tuvo problemas de salud, pero era el director de un periódico, en medio de las tensiones y presiones por la difícil situación que atraviesa la prensa. En la década de los noventa en la misma sala de redacción de Le Monde había muerto el gran reportero Yves Heller. Hay maneras de morirse y es difícil imaginar que alguien pueda hacerlo en la radio, pero ha ocurrido varias veces. El locutor colombiano Juan Clímaco Arbeláez leía una noticia en uno de los informativos de la BBC de Londres cuando un infarto apagó su voz para siempre. Arbeláez leía una noticia que decía: “En su último esfuerzo para resolver la emergencia de la contaminación del aire” y para entonces el tono de su voz se fue apagando y las palabras eran ya impronunciables y la lengua se hizo pastosa y pesada". Irónicamente en su último esfuerzo, Arbeláez intento seguir leyendo “que las autoridades impusieron nuevas y severas medidas de restricción del tránsito sobre….” y fue lo último que dijo antes de caer pesadamente sobre la mesa". Y luego hubo un breve silencio que en radio es un siglo, antes que su desconcertado compañero de mesa retomara el aliento para decir un escueto “pedimos disculpas a los oyentes”, como una demostración que el ruido provocado por el cuerpo de un hombre cayendo se constituye en un atentado contra la devoción que esta cadena mundial siempre ha tenido por la perfección del sonido. Y parodiando esas expresiones de los comentaristas deportivos, el 8 de abril de 2005 el narrador Alberto Martínez Prader murió “en directo y en la carretera” mientras transmitía para RCN RADIO una etapa de la Vuelta a Colombia en bicicleta. Con su estilo lleno de vitalidad, Martínez Prader relataba las condiciones del descenso y el vértigo de la competencia diciendo palabras que acaso le hacían presentir la fatalidad. “Si señor, aquí lo llevo, asustadito, pero aquí vamos descendiendo a tumba abierta, afortunadamente confiando en Dios…”. Y un segundo antes que el transmóvil tomara la última curva, el narrador seguía con su oficio contando “atención que pasó de largo Walter Pedraza, casó a Alvarito Sierra; se quedó Soler…la pareja de punta va por la etapa…Soler, Soler……ay juepp”. Y mientras el transmóvil rodaba sin control, la señal se interrumpió abruptamente y luego pasó lo que pasó. La muerte de Martínez Prader se produjo un año después de la desaparición del también locutor deportivo, Guillermo Alfonso Mejía, quien sufrió las primeros estertores de la muerte mientras trabajaba en la emisora Antena Dos, antes de salir al hospital mamando gallo como era su costumbre, pidiendo que “lo llevaran en el Transmilenio para llegar más rápido”. En todas estas historias no hay héroes, ninguno pudo derrotar la muerte, simplemente el recuerdo de hombres sencillos que murieron como debe ser, haciendo lo que más les gustaba.Siga las noticias de RCN Radio en WhatsappIcono Google NewsSiga las noticias de RCN Radio en Google News

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